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viernes, 11 de junio de 2010

El incierto futuro de la cultura



Bertolt Bretch decía “El arte no es un espejo para reflejar la realidad, sino un martillo para darle forma”, es decir, el arte y en definitiva la cultura deben ser una forma de mejorar y cambiar el mundo en el que vivimos. Y justamente eso es lo que debe representar cualquier tipo de arte, porque una obra es arte cuando demuestra que tiene ese espíritu crítico necesario para cambiar, progresar y mejorar todo aquello que nos hace peores personas o que impiden que una sociedad conozca por sí misma. Todas las dictaduras han tenido miedo de los artistas, los intelectuales y los pensadores, ya que eran aquellos que llamaban al pueblo a defender la solidaridad que les beneficiaba a todos menos al dictador. Einsentein consiguió realizarse como artista cuando comenzó a defender unas ideas de socialismo propias que criticaban la posición estalinista, Riefenstahl jamás puedo desligarse de Hitler y por ello jamás consiguió ser nada más que una simple técnica de la cámara. Ejemplos hay miles, pero la teoría crítica se ha desprestigiado dando lugar a un mundo pasivo que no valora las obras y mucho menos se las plantean. Los circuitos comerciales, la piratería informática y los artistas de valores conservadores están impidiendo un desarrollo de una cultura que progrese a favor del cambio. Por eso, la reciente noticia de que el Ayuntamiento de Pamplona contratará para San Fermín a Bertín Osborne y Los del Río, figuras del españolismo más conservador, y a Boicot, representantes anclados en un violento pasado comunista, son noticias muy poco positivas para aquellos que creemos en el progresismo y en un mundo que se plantee el ahora para cambiarlo y trabajar por él.